Sillas para Playa. Diseño de Clara Porset. Imagen Archivo Clara Porset, CIDI FA UNAM (CPD2-522).

Diseño y género

MDI Marina Garone Gravier
Diseñadora de la Comunicación Gráfica, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México. Maestría en Diseño Industrial Universidad Autónoma de México. Conferencista internacional y editora especializada en temas de historia del diseño, tipografía y género.

Diseño y género: una asignatura pendiente
Este texto corresponde a la ponencia que fue presentada en el marco del Primer Congreso Internacional de Diseño Gráfico, Mérida, Venezuela, noviembre 2003

Por Marina Garone Gravier

El diseño, como muchas otras actividades profesionales, ha estado a la sombra del enfoque masculino. Esta investigación, que fue presentada en Mérida en Octubre de 2003, nos revela el fenómeno, puntualiza en la búsqueda del genio femenino como aporte a la cultura del diseño y reconoce que está todo por escribirse

Bibliografía

Agradezco enormemente los datos y solidaridad de la Maestra Patricia Espinosa Gómez de la Universidad Iberoamericana, México, y de la investigadora Katrin Wellman, de la Universidad de Essen, Alemania.

Notas personales del XIV curso de Verano en Estudios de Género «Nuevas miradas a la equidad y la igualdad», organizado por el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, Colegio de México, 30 de junio al 1 de agosto de 2003.

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Introducción

El enfoque antropocentrista y androcentrista, aquel que consiste en considerar al ser humano de sexo masculino como el centro del universo, como la medida de todas las cosas, como el único observador válido de cuanto sucede en nuestro mundo, como el único capaz de dictar leyes, de imponer la justicia y de gobernar el mundo, está presente en la mayor parte de las actividades y relaciones humanas y por su puesto en todas las profesiones; lamentablemente la enseñanza y el ejercicio de las diferentes manifestaciones del diseño no son una excepción.

Desde su formalización como disciplina, el diseño ha tenido como sus representantes principales y más destacados a los hombres, o por lo menos eso es lo que ha llegado hasta nosotros. Para comprobar esto podemos revisar varios de los libros con lo que estudiamos los orígenes de nuestras profesiones. En el caso del diseño gráfico, por ejemplo, entre los pioneros del movimiento moderno se encuentran algunos de los diseñadores emblemáticos de las vanguardias europeas del siglo XX, como Rodchenko, El Lissitzky, o Tschichold. Pero dónde están los nombres de Varvara Stepanova, quien fuera esposa y colaboradora permanente de Rodchenko, o Lyubov Popova, una de las más prolíficas e integrales diseñadora rusas, además maestra del Vkutemas.

En lo que toca al diseño industrial la situación no es menos grave, ¿quién conoce a Marianne Brandt o Charlotte Perriand?, ¿alguien sabe que la primera era la discípula opacada de Moholy Nagy en el taller de metales de la Bauhaus y la segunda era coautora de Le Corbusier en sus diseños de muebles más reconocidos? Y sin ir más lejos, ¿alguien ha oído hablar de Clara Porset, pionera del diseño industrial en México? El caso de los matrimonios entre diseñadores también ha eclipsado la carrera y reconocimiento de las mujeres y ha determinado la información que llega hasta nosotros: nos suena más el nombre de Charles Eames que el de Ray, aunque las sillas para Herman Miller hayan sido diseñadas entre ambos; Anni Albers, fue maestra de diseño textil en la Bauhaus y pareja del reconocido Josef Albers pero nunca hemos oído su nombre; recordamos a Otl Aicher pero no a Inge Scholl, su esposa, quien fue la promotora de la fundación de la escuela de Ulm. En su mayoría, si existen, las menciones se remiten a los aspecto de la «sección de sociales», y nunca o muy pocas veces a la colaboración laboral o la coautoría en los proyectos de diseño. Lo que acabo de mencionar no se trata de plantear una competencia sino del justo reconocimiento que merece el trabajo hecho por las mujeres.

Por lo que he dicho hasta este momento es necesario evaluar cuál es el riesgo de continuar con una orientación tan centrada en el homo faber : una de las primeras cosas que se pueden argumentar es que desconocer el papel específico de la mujer en el diseño implica desestimar ciertos temas de investigación de nuestra profesión. Al igual que muchas veces se cuestiona el espacio y la función de la enseñanza teórica en las escuela de diseño en favor de materias de orden práctico o de taller alegando que con esos saberes no se producen objetos «concretos», lo mismo ocurre con el enfoque de género aunque no se lo llame con ese nombre, ¿a quién le interesa la producción doméstica y muchas veces artesanal de ciertos objetos de consumo o saber en qué áreas de la producción de baja escala trabajan las mujeres si eso no es lo que mueve la economía del país o no da suficientes empleos? En términos generales, cuando los temas de estudio no corresponden a los intereses de desarrollo comercial y de reproducción ideológica dominantes, son desestimados.

Aunque este comportamiento no es exclusivo de las disciplinas proyectuales, creo que es necesario considerar la incorporación del enfoque de género para establecer un polo complementario a las orientaciones tradicionales que han estado presentes en el diseño. En este breve ensayo pretendo mencionar, de manera muy general, los antecedentes y marco conceptual de los estudios de género; enlistar una serie de temas de diseño que podrían analizarse con una perspectiva de esta naturaleza y, antes de concluir, hacer una propuesta para incorporar de forma sistemática estos contenidos en las carreras de diseño.

Los estudios de género: antecedentes y marco conceptual

Los estudios de género surgen en los años sesenta para dar respuesta a una serie de interrogantes y problemas que afectaron y siguen afectando la vida de las mujeres, como la desigualdad en el terreno social, económico, político y legal, la exclusión de las áreas de ejercicio del poder, la discriminación social y cultural, y perpetuación de prejuicios y estereotipos en relación al género femenino.

En la década de los ochenta, debido a la presión de los movimientos feministas, los foros internacionales impulsaron políticas de todo tipo para paliar estos desbalances. En esos foros, las políticas de género hablaban de equidad, acceso e incorporación de las mujeres a los ámbitos laborales y educativos. Pero sólo hasta la IV Conferencia Mundial de Beijing, 1995, se delimitaron las metas, propósitos y acciones para la educación básica en materia de género.

Los estudios sobre el rol y desarrollo de la mujer realizados en esos años perfilaron una explicación histórica de la mujer. Antes de que la humanidad adoptara vida sedentaria y agrícola, las mujeres eran económica y socialmente poderosas. Las mujeres prehistóricas participaban en la recolección de los alimentos contribuyendo junto con el hombre al sustento del «hogar». Al ir sedentarizándose la cultura se generó una suerte de división del trabajo: un «dentro y fuera» de la casa, con el progresivo poder sobre los objetos (instrumentos y alimentos) y su distribución por parte del hombre. Este modelo se perpetuó hasta la revolución industrial, momento en que las fuerzas económicas reincorporaron a las mujeres como agentes activos pero esta vez remunerados, lo que paulatinamente redundó en autonomía y creciente poder sociopolítico de las mismas. La crisis económica de las últimas décadas ha propiciado la reincorporación masiva de las mujeres en la vida laboral, las cuales trabajan fuera del hogar, para contribuir al sostenimiento de sus familias, y siguen siendo las responsables de las tareas domésticas, ejerciendo cotidianamente una doble jornada.

Aunque ya han pasado varias décadas desde el inicio de los estudios de género y los movimientos feministas aún hay obstáculos para lograr una igualdad entre hombre y mujer aceptable tanto en la vida privada como en la esfera pública.

El concepto de género

En nuestro idioma, la palabra género tiene varios usos; nuestras abuelas entendían género como tela . En la escuela primaria estudiamos el género de un sustantivo y por lo tanto definíamos a las palabras según el sexo masculino o femenino. En música y literatura se habla de género como grupos y tipos de manifestaciones culturales. Pero hay otra área en la que se establece una clara definición: la biología. A partir del sexo aprendemos conductas y actitudes masculinas o femeninas, lo que se denomina socialización de género, que influyen de diversas maneras en la formación profesional: elección de ciertas carreras, actitudes hacia ciertos temas o actividades, disposición hacia ocupaciones diversificadas o directamente bloqueos.

Así llegamos a la definición que dan los estudios sociales, éstos denominan género a un conjunto de atributos y conductas culturalmente configurados, asociados a las mujeres o a los hombres en un determinado momento histórico. El concepto se creó a partir del trabajo de Margaret Mead, Sexo y temperamento , de 1935. Mead sostiene que el sexo es biológico mientras que el comportamiento de género es una construcción social. Posteriormente, Millett y Firestone, dos feministas norteamericanas, radicalizaron el uso del término. En Dialéctica del sexo, Firestone sostiene que las distinciones de género organizan todos los aspectos de nuestra vida, a través de la constitución de un marco incuestionado desde el cual la sociedad mira y explica a las mujeres y a los hombres. Estas investigadoras no son los únicas que han contribuido a la definición del género pero sus conceptos son fundacionales.

El género en la educación del diseño

Pero ¿porqué sería necesario incorporar este tema o cuáles serían las motivaciones desde el quehacer académico y profesional para el análisis y estudio de las vinculaciones entre diseño y género? Como dije anteriormente hay una serie de temas de diseño que no han sido suficientemente abordados o directamente han sido relegados. Existen brotes germinales de investigaciones pero dada la vastedad del tema considero que aún son insuficientes. A continuación enumero algunos de los temas que podrían pertenecer a esta agenda pendiente y que constituirían nuevas líneas de investigación para el diseño.

Desde el aspecto histórico nos podemos preguntar cuál ha sido el papel de las mujeres en el diseño hecho en nuestros países, y aquí incluyo la dimensión regional latinoamericana; deberíamos preguntarnos cuál fue la participación femenina tanto en lo individual como en lo colectivo, su incidencia en productos materiales o inmateriales. De este enfoque general se podrían desprenden tres líneas de acción: una que busque reconstruir las vidas de las diseñadoras, hasta hoy anónimas o poco conocidas, que nos darían como resultado un corpus biográfico que se añadiría a los contenidos históricos casi exclusivamente integrados por diseñadores varones. Con la segunda línea se podrían obtener las metodologías particulares que esas mujeres han desarrollado, y así identificar en qué se parecen y en qué no respecto de los procedimientos utilizados por los hombres. Con la última se podría averiguar qué investigaciones y áreas de acción del diseño son predominantemente abordados por mujeres y cuáles por hombres, y si existe tal diferencia porqué se da.

Desde el punto de vista de la producción sería conocer cómo se dio el paso de las mujeres de los talleres de producción domésticos a las escuelas de diseño. Si reconocemos que el carácter industrial de algunas áreas del diseño promueve una orientación masculina sería importante identificar en qué momento y por qué razones las mujeres comenzaron a considerar como propios esos espacios.

En esta misma dirección otra de las áreas que se podrían analizar desde un enfoque de género son las ideas y estereotipos sexista en diseño, tanto a nivel semántico como pragmático, así como sus implicaciones directas en el desarrollo de productos. Siguiendo con esa línea se podría hacer una tipología de objetos que tengan claramente determinado un sexo y también localizar los que son unisex. En este sentido cabría preguntarse porqué esos objetos tiene asociadas características genéricas y qué elementos determinan tales distinciones. Recientemente los diseñadores alemanes Wellmann, Bruder y Oltersdorf analizaron los aspectos de género involucrados en el diseño de las botellas de perfume. La selección de esta clase de productos se debió a que pertenecen al ámbito de lo privado y son usados sobre el cuerpo, por eso mismo, según ellos, podían ser rápidamente asociados con un sexo. Los estereotipos reconocidos por el auditorio como femeninos fueron las botellas cálidas, ligeras y translúcidas, las delicadas, doradas, de hombros caídos y cuerpo redondeado. Por contrapartida las identificadas como masculinas fueron angulosas, rectas, de color oscuro o plateadas, de cuello corto y base pesada. Como puede notarse, más de una de las formas descritas son metáforas del cuerpo humano de cada sexo; podemos decir entonces que el diseño refleja una imagen bastante cercana a los conceptos de género culturalmente sostenidos y contribuye al fortalecimiento de esas ideas.

En lo que toca a la educación existe un fenómeno muy interesante que aún no está suficientemente sustentado: la mayor parte del alumnado en las carreras de diseño, principalmente en diseño gráfico, está integrado por mujeres. Una investigación realizada por Patricia Espinosa Gómez, en la Universidad Iberoamericana, de México, demostró que para las carreras proyectuales (excepto arquitectura) el porcentaje de egresos, entre 1980 y 2001, osciló entre el 89 y 42 por ciento para mujeres, en relación con la población total (89 textil, 86 gráfico, 42 industrial). Como se puede apreciar la carrera que tradicionalmente es considerada «masculina» por el trabajo con máquinas y herramientas industriales, es la que revela los porcentajes más bajos de población femenina. Por otro lado, en relación con el rendimiento académico, en el mismo lapso de estudio, los mejores promedios fueron para mujeres (96 por ciento textil, 90 gráfico y 61 industrial respectivamente; todos los valores sobrepasaron el 50 por ciento del estudiantado). Aunque no tengo los datos de otras instituciones educativas, considero que se podrían obtener resultados muy similares.

Pero entonces ¿qué pasa con las diseñadoras en la vida profesional? No existe información sobre el número y posición laboral de las diseñadoras en México, pero un factor que influye no sólo en nuestra profesión sino en todas las áreas laborales es la maternidad y el trabajo hogareño: aunque una parte importante de las profesionales retrasan su maternidad y no todas conforman parejas de corte tradicional, es innegable que cuando esas responsabilidades se presentan es difícil mantener una casa y una carrera medianamente exitosas. Por esa razón, en la época de mayor auge profesional, muchas diseñadoras abandonan temporalmente sus carreras y no todas la retoman posteriormente.

Entre las áreas de estudio que pueden ser desarrolladas bajo el enfoque de género se encuentra también el rescate de las artesanías, en particular aquellas que son desarrolladas en el contexto del hogar, la moda y la cultura popular, o sea las manifestaciones más ajenas a la cultura «oficial» del diseño. Otros temas de estudio son la interacción de diseño y ecología (ecofeminismo); el consumo de productos genéricamente diferenciados (diseño para hombres o para mujeres) y la influencia de la publicidad y los medios masivos en la construcción de las identidades (femenina y masculina).

Esta es una mera enumeración, a manera de muestrario, que no pretende acotar los posibles temas de diseño y género.

Propuesta para un seminario sobre diseño y género

Uno de los aportes más importantes que han realizado los estudios de género ha sido poner en evidencia que éste se construye a partir del proceso de socialización, desigual para mujeres y hombres. Por esta razón, la educación y sus instituciones juegan un papel fundamental en el tratamiento que dan a las diferencias de sexo y la forma en que contribuyen a la construcción de la imagen de género, la cual depende, entre otras cosas, de las complejas relaciones particulares de cada época y sociedad.

Asimismo, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres trasciende insuficientemente en la vida cotidiana, ya que en muchos hogares se prioriza la educación de los varones, antes que la de las niñas, o se estimula o reprueba el estudio de áreas profesionales diferenciadas sexualmente. Por ejemplo en los varones se promueve el estudio de carreras con más trascendencia pública o monetaria (derecho o administración) mientras que a las mujeres se las incita a estudiar carreras que pueda reflejarse en la vida privada y que no necesariamente tendrán una remuneración adecuada o un reconocimiento social. Esto se acentúa en las clases socioeconómicamente bajas, marginadas y rurales, lo que ha obligado a los gobiernos a realizar políticas públicas que propicien la igualdad de oportunidades sin distinción de sexo desde la escuela primaria.

Lo anterior es, a grandes rasgos, lo que pasa en el nivel de la educación primaria y secundaria pero la universidad también pertenece al circuito educativo y por lo tanto es también allí donde se deben estudiar y revisar las situaciones de género. Por lo que toca a las carreras de diseño, en México aún no se han desarrollado estos análisis. Cabe mencionar que en agosto de 2001, en el marco del Primer congreso nacional de teoría y práctica del diseño, organizado por el Posgrado de Diseño Industrial de la unam, se desarrolló la primera mesa redonda sobre diseño y género del país. En esa ocasión se abordaron las relaciones entre consumo, tecnología y género; la inserción laboral de las diseñadoras en el ámbito textil; algunas reflexiones sobre el estudiantado femenino en las carreras de diseño y un panorama del género en la teoría y la práctica del diseño. Por la variedad de temas tratados, el poco espacio que se tuvo para analizarlos y la respuesta del auditorio (entre sorpresa e interés) consideré que era necesario proponer un espacio, que podría tener la forma de un seminario, para incorporar esos análisis en las currículas de las carreras proyectuales. Inicialmente lo pensé para nivel de posgrado, pero dada la influencia e incidencia innegables del tema en nuestra realidad laboral pienso que puede ser desarrollado con éxito en el nivel de licenciatura o grado; de esta forma estaría presente como eje transversal en la carrera. En el seminario se podría ofrecer a los alumnos conocimientos acerca de los estudios de género y su relación con el diseño, que permitan revisar tanto las políticas educativas, el diseño de programas académicos y las estrategias de enseñanza aprendizaje; así como ver de qué forma la diferencia de roles sexuales permean a la práctica profesional y la teoría de la disciplina. Al incorporar un enfoque de este tipo desde la formación universitaria se propiciaría la fusión de los puntos de vista femenino y masculino en los procesos proyectuales para lograr resultados más humanos en los objetos y acciones comunicativas.

Para que se puedan introyectar los conocimientos e incorporar el enfoque a su experiencia, los alumnos deberán valorar críticamente sus propios roles, el de las situaciones vividas y ver la aplicación cotidiana que éstos tiene. Dado que no existen en México antecedentes de seminario que articulen el diseño y el género el temario sería básico, de análisis bibliográfico, iconográfico y objetual, y estaría abierto a las inquietudes y las propuestas de los alumnos.

Entre las líneas de vinculación de conocimientos y contenidos podría haber una sección histórica, una teórica, una tecnológica y una educativa. En la primera se abordarían los personajes femeninos del diseño nacional; en la segunda línea se podrían analizar los estereotipos y el lenguaje de género en el diseño, así como la relación entre colores, materiales y texturas en el desarrollo de productos que configurarían la percepción concreta de las manifestaciones del género en la cultura material. También podrían establecerse los puntos de contacto entre género, trabajo y tecnología así como la situación del mercado laboral para las mujeres en diseño. Por último se podrían analizar las relaciones entre género, diseño curricular y enseñanza en las carreras de diseño.

Para finalizar quiero decir que pretendo que esta breve propuesta sirva para visualizar un nuevo horizonte reflexivo, con aportaciones necesarias para un reposicionamiento de la teoría y la práctica del diseño bajo una perspectiva de género. Considero necesaria e impostergable la incorporación de este enfoque en nuestra profesión para, sin fanatismos ni posiciones extremas, preguntarnos qué hemos hecho en esta dirección, qué nos falta hacer y hacia dónde vamos. Mi intención fue presentar un panorama teórico y metodológico desde el cual podemos trabajar para pensar, hacer y enseñar un mejor diseño. Y también quise hacer una propuesta concreta que está abierta a las críticas y sugerencias por parte de aquellos que quieran contribuir a repensar el diseño desde una nueva perspectiva.

Para el caso de México, merece mención la biografía sobre Clara Porset, desarrollada por Óscar Salinas : Clara Porset: una vida inquieta, una obra sin igual, México, Unam , 2001, 96 p.

En México las cifras del censo de población de INEGI, 1990, son reveladoras. En ellas se señala que en los grupos de 12 años de edad en adelante aumenta la proporción de mujeres que no asisten a la escuela, respecto de los hombres. Asimismo el porcentaje nacional de analfabetismo entre hombres es de 9.6 por ciento, mientras que entre las mujeres alcanza el 15 por ciento.

Esta mesa estuvo integrada por Ana Ma. Losada, Margarita Landázuri, Patricia Espinosa y yo misma.

Derechos Reservados © Marina Garone Gravier 2003