Captura de pantalla del libro Signos de Identidad de John Moore.

John Moore y su libro Signos de Identidad: El que se sienta conforme con su trabajo está quemao


John Moore
Una noticia importante y poco frecuente en Venezuela es la publicación de libros sobre diseño gráfico. Juan José Moore, mejor conocido como John Moore, fue invitado por los chicos del seminario de investigación de diseño de Prodiseño para entrevistarlo sobre el proceso de elaboración e impresión de su libro Signos de Identidad

Por Silene Pedrón

John Moore y su libro Signos de Identidad
«El que se sienta conforme con su trabajo está quemao»

Con la colaboración de:
Javiera Casanova
Denisse Dugarte
Johanny Franchy
Rodrigo Fuenzalida
Irene Pizzolante
Beatriz Schulze

Algo excitado, entra, pide fumar, se siente algo inquieto, hasta que comienza nuestra introducción. Le aclaramos es que una charla. Respira profundamente y se dedica a hablarnos de su primer libro de diseño del proceso de escritura, y de su experiencia diaria con el diseño; como si estuviera en la sala de su casa, con un lenguaje muy coloquial, y la mayor confianza expresiva a la hora de contarnos sus anécdotas y experiencias sobre el diseño, y   ese término tan llamativo que el mismo ha hecho, su «Fucking design».

¿Qué expectativas tiene con su libro?

Me parece que sería buenísimo que tuviera éxito. No por mi… Me parece que si tiene éxito crearía la «apeticibilidad» en otras editoriales de publicar libros, no de mí, libros de diseño y entonces eso fomentaría «la biblioteca criolla».

Yo creo en el libro como el gran catalizador del diseño. Creo que el diseño es un síntoma de la cultura de un país, y creo que la cultura de este país va mas allá de la cultura oficial, nosotros somos un potencial creativo duro, hay gente muy creativa.



¿En el libro sólo se muestran ejemplos de su trabajo o hace referencia a otros diseñadores?

Mi libro muestra exclusivamente mi trabajo, aunque cito a ciertos diseñadores en el contexto de mi relato.

¿Le gustaría que hubiesen más libros de diseño?

Ojalá que los editores encuentren que el nicho del diseño es bueno para el negocio. Eso ayudaría a solventar el problema de la asimetría en la educación en las escuelas del interior. También que puedan tener un sitio donde encontrar información, eso nos va a ayudar a reforzar nuestra identidad, nuestro sentido de pertenencia y un poco pudiera llegar a fomentar hasta una especie de estilo o tendencia regional como país. Yo creo que el diseño tiene que ver muchísimo con la sociedad y no se ha explotado en Venezuela como en otros países, eso se hace alimentando la parte del vocabulario visual de ciudadano común.

¿Cuánto tiempo le llevó hacer el libro?

El libro me llevo hacerlo aproximadamente un año. Lo más difícil fue hacer la selección de las marcas.

¿Cómo fue el proceso de hacer Signos de Identidad ?

Primero estaba muy enfrascado en cómo era… que lo bonito, que si esto va aquí, aquello va   allá… y de repente dije: noooo ¡por favor!, olvídate de la imagen, primero vamos a ver qué es lo que voy a decir y cómo lo voy a contar. Entonces me fajé. Me senté a trabajar en la mañana, seguí corrido toda la noche y al día siguiente tenía   la matriz de los textos completa. Tenía toda la historia «raa raa raa», la parte de escribir el libro fue fantástica porque me salía fluidísimo.

El libro tiene una parte histórica para ubicarte, luego otra parte que es el proceso creativo como tal y luego una serie de descripciones donde se explica cada proyecto. Es un retrato de mi esfera de negocios y mi esfera de desempeño, una pequeña muestra de lo que fue un tiempo de la Venezuela «saudita».

¿Lo hizo solo o contó con el apoyo de alguien?

Conté sólo con la ayuda de mi hija Manuela, que estudia letras, en la corrección de textos.

Revisando su carrera hasta este momento, ¿considera que su trabajo ha dejado algún aporte al diseño venezolano? y de ser así ¿cuál sería?

Yo creo que todo trabajo es un aporte, hacer un libro es un paso más allá, de hecho es una forma inequívoca de hacer historia; crear un libro diseñado con una fuente propia «Caracas», es un acontecimiento inédito desde que Francisco de Miranda trajera la imprenta a Venezuela, de hecho sin temor a equivocarme apostaría que es el primer libro integralmente creado en Venezuela. Así también creo que es el primer libro de diseño de autor editado en nuestro país por capital privado.

Sobre el aporte de mi trabajo o desempeño, yo esperaría modestamente que lo fuera; creo por haber incursionado en una gran variedad de disciplinas en las que he dejado y pienso seguir dejando un granito de arena, así mis investigaciones sobre tipografía, mi trabajo de carteles o el diseño de libros, también en la ilustración o en cine de animación y en el campo de la publicidad donde a lo largo de 10 años reimpuse la importancia del diseño.

Un reconocimiento internacional ha sido el haber sido seleccionado para la publicación de un libro que reseña el diseño latinoamericano de la editorial alemana Taschen, que entrará en distribución internacional y multilingüe este año en curso.

¿Tiene pensado sacar otro libro?

Si, tengo montones de ideas sobre eso. Tengo uno que me encantaría hacerlo pero no tiene muchos editores candidatos… a lo mejor a la Taschen sí le gustaría. Es sobre la antiperspectiva, o sea el mundo al revés, el mundo invertido. Es decir, una visión desde el punto de fuga que es una cosa anterior y no posterior. Un poco al estilo de Escher, entra en ese capítulo de la percepción o lo de este señor Reutersvard quien fue el inventor de las imposibilias.

¿Cree que una marca muere? ¿Qué opina sobre el rediseño de las marcas?

Es como la gente. Es tan natural como la muerte misma.

El rediseño es tan natural como el crecimiento de un bebé, llega a adulto, es parte de su proceso evolutivo, no tengo ningún problema en eso.

Sin embargo no es el caso de lo que pasó con los emblemas de la cultura en Venezuela. Eso no fue un proceso evolutivo, sino un cambio político estúpido, sustituirlos por un parapeto que además no tiene ningún tipo de arraigo, de identidad, ni de nada por el estilo. Otra cosa hubiera sido un logotipo endosado, manteniendo las identidades de cada institución cultural.

Su libro trata de signos de identidad, ¿de dónde se inspira?

Yo estoy enamoradísimo de las marcas. Tal vez Jesús Emilio Franco fue mi catapulta, cuando diseñó el logo del Centro Simón Bolívar, CSB… yo dije, ¡guao! …¡yo tengo que estudiar diseño!

¿Franco le dio clases?

No, ni nunca lo conocí. Ya había dejado de dar clases. Tampoco tuve a Leufert como profesor mío.

De todos ellos al que yo más me «tripeé» fue a Franco porque no era tan de museo, era más bien del sector comercial del cual soy más afín. Eso lo comento en mi libro, viene por supuesto Nedo y en último lugar a Leufert. Yo tuve la suerte de reconstruir unas fuentes tipográficas diseñadas por Leufert y Nedo para la exposición D.G.V. 70, 80, 90 del Centro de Arte La Estancia. Pude compartir con ellos, mostrarle los bocetos, corregir detalles constructivos… Ellos incluso me dieron permiso para utilizar y reproducir las fuentes Trinidad Imposible -cosa que no he hecho-. Cuando alguien me pide esas fuentes yo te doy el dibujo de la palabra que necesitan ya compuesta.

Para usted ¿qué es el diseño? y con toda esta discusión que hay entre arte y diseño, ¿se considera un artista o un diseñador?

Para mi es diseño es un discurso retórico.

Yo soy un técnico, el diseño es tech – del griego techne -. El arte entraría dentro de una rama de lo no explicable, en cambio el diseño es explicable. El arte es una expresión egoísta. No quiero mal categorizarla, pero es un área descomprometida de un propósito específico. En cambio nosotros los diseñadores nos debemos a nuestros clientes y al público. El diseño es un discurso retórico cuya finalidad es convencer, persuadir.

El mejor diseño es aquel el que no se ve, el que es un vehículo transparente de la información. Estos muchachos, esta nueva onda ‘decorativistas’ digitales, que hacen diseños autistas llenos de gotas y ‘adornejos’ tienen una postura exótica, egoísta y pantallista para llamar la atención de un target determinado. Esto les puede dar beneficios porque los pone de moda, pero se alejan de la función del diseño.

¿Cómo se ve en diez años?

¡Decrépito! (risas).

La edad es chévere, la edad te da mucho más, te sientes más seguro de lo que haces, más exigente incluso.

Usted ha criticado muchas veces a los diseñadores que ven en la publicidad algo que les da asco, como una cosa como impura…

Es un paradigma absolutamente desconectado de toda realidad. Es una estupidez segregar a la publicidad como una actividad profana del diseño. La publicidad no tiene desperdicio, cuando se aporta desde el terreno del diseño.

Te da la oportunidad de trabajar todos los días en cosas ingeniosas con el ejercicio de los tres pilares de la comunicación visual que son: persuasión, identidad e información. Por eso llevo este signo en mi camisa (Fucking Design) que en realidad esto va contra esa cháchara barata de «tantos argumentos del diseño, tanta pendejada» y que en la práctica no se hace. Para mi es un signo de protesta.

¿Y no contradice eso tu trabajo?

Si, claro, porque me estoy cuestionándome constantemente, todo el día, con el bendito «Fucking Design» (risas)…Uno nunca está conforme, yo creo que el que se sienta conforme con su trabajo esta quemao.